Aun recuerdo esas imágenes. En ellas se mostraban a un numeroso grupo de invasores
pertrechados en lo que sería el futuro mercado de Santa
Anita. Las fuerzas del orden en su afán de amedrentarlos -curiosamente-
habían instalado enormes altavoces alrededor de aquellas instalaciones ocupadas por unos comerciantes
ilícitamente esos días. Hasta ahí la noticia no
se diferenciaba de otras parecidas en una Lima que crece de forma desordenada. Pero, fue un hecho que para los descerebrados de siempre iba a pasar desapercibido, pero, no para este sabueso.
Los parlantes comenzaron a emitir un ensordecedor sonido, golpeando directamente en los tímpanos de aquellos “invasores” canciones del género criollo. Las instalaciones en esos momentos se vieron de pronto rodeadas en un
ambiente estridente de
música afro peruana. Grande fue mi sorpresa al ver que la respuesta de los invasores a esa arremetida escandalosa del repertorio criollo fue contestarla
también con sus propios
altavoces, pero, esta vez, emitiendo
música del género de
huayno. Dos géneros musicales se enfrentaban: las melodías de dos mundos distintos, una en declive y otra emergiendo, otra vez solapadamente se encontraban frente a frente y ahora en ese espacio polvoriento y sin que los limitados reporteros alcanzaran a interpretar el hecho, y es más, lo obviaron totalmente.
Ese
inofensivo enfrentamiento de géneros, aparentemente poco importante, reflejaba de manera clara una de las razones por la que el peruano tiene baja
autoestima producto de sus complejos derivados de una aculturación obligada que le ha provocado el desconocimiento de su verdadera i
dentidad,
haciendo de el una persona sin fortaleza y muy proclive a poseer un sentimiento de inferioridad frente a otros.
Todo esto es producido por querer adoptar dentro de su mente repleta de complejos e inferioridades, costumbres que no corresponden a su verdadera nación, una más grande, una más milenaria, una trascendente, dejándola aun lado, y aceptando una reciente, ínfima como la
música criolla, que en realidad es
música afroperuana; este género es en realidad la ensalada formada por el vals criollo que en realidad es una copia “bamba” de su original
centro europeo. Ese es el problema del peruano actual,
todavía sobrevive en él esas influencias que producen malformaciones en su verdadera identidad, porque al igual como ahora los
jóvenes aceptan el
rock occidental, alguna vez las pasadas generaciones bobas de
blanquiñosos y zambos limeños adoptaron el vals o la
polka centroeuropea como una forma de purificar su oprobioso mestizaje con
algún rasgo europeo.
El peruano actual debe saber ahora que su cultura fue uno de los centros de los inicios de la
civilización que conocemos ahora y que toda manifestación cultural que derive de su cultura primigenia fortalecerá esa dicha y felicidad de pertenecer a un pueblo milenario y rico en conocimientos.
Los creadores de esta seudo i
dentidad nacida del siglo
XIX y parte del
XX estuvieron totalmente equivocados, ahora, la población esta en la
obligación de cambiar esto. La migración interna en las ultimas décadas en nuestro país
deberá hacer emerger desde el reconocimiento y aceptación de la cultura andina como base para crear esa nueva nación peruana y no seguir manteniendo costumbres atrasadas que no tienen ni pies ni cabeza, ni bases como para seguir
llamándolas como en este caso un genero musical que represente el verdadero alma de la mayoría de nuestra población.