En este interregno
agitado donde se han sucedido varios mandatarios el último de ellos José María Balcázar,
está a pocos días de dejar el cargo, y lo que más llama la atención en su efímero
gobierno es es su intrascendencia.
Desde que lo
colocaron en ese sillón no ha firmado alguna ley que beneficie a la población a
ese ciudadano de a pie.
Los principales problemas
que aquejan al país continúan y en algunos casos se han incrementado.
Aun recordamos cuando
le impusieron el cinto rojo y blanco con un tono demagógico vociferó “vamos a
rascar la olla”, y pasado los meses y estando a horas de dejar el cargo, de
esos restos del fondo de esa olla tiznada y vieja arrugada por los golpes, el
peruano no ha recibido ningún beneficio, continuando abandonado condenado a sobrevivir
a la suba del combustible que sigue manteniéndose en las nubes.
De sus temblorosas
y arrugadas manitas no ha salido ni una sola firma que beneficie al trabajador ningún
alza de sueldos, devolución de AFP, nada, todo lo contrario, los que traían mayores
esperanzas como las distintas deudas sociales del Perú los ha archivado para
ser olvidados en ese polvoriento escritorio de los funcionarios tercermundistas
con mentalidad de encomendero colonial, negando así al trabajador peruano a padecer
el embate de esta galera insensible y oligárquica.
Hay un fantasma
en palacio de gobierno que se ha unido a otros parecidos que pululan entre sus
intramuros que para la coyuntura actual del peruano son completamente inútiles.
